17/02/2017



El futuro de la integración regional y la construcción realista del sentido común para lograrla

Para poder avanzar en la integración regional debemos salir del plano del diagnóstico y el reconocimiento de los problemas, para estar dentro de la dinámica de participación directa. Y que ésta surja desde el sinceramiento del papel que se jugó durante la última década, dejar de lloriquear y buscar culpables en el imperialismo, y reconocernos como factores determinantes en nuestros propios fracasos por la integración.
Por Andrés Sobrero

Imágenes integradas

Hoy más que nunca necesitamos pensamientos propios, preguntas y respuestas que nos pertenezcan; y en relación a esto, el ejercicio llevado adelante por el Estado Plurinacional de Bolivia, de crear un Ministerio de Descolonización, no puede ser pasado por alto.

Es por ello que tampoco puede ser pasada por alto la significación de las conclusiones y propuestas del Foro sobre el Futuro de la Integración Regional que se puso en marcha a fines del año pasado en Montevideo (ver http://integracion.info/?p=3647) y su perspectiva de intentar ser un ámbito de reflexión y debate sobre las condiciones, perspectivas y alternativas ante los nuevos desafíos comunes de nuestros países.

Es fundamental poner sobre la mesa un debate claro sobre la dicotomía entre producción del espacio social (en la que somos sujetos pasivos frente al manejo territorial planteado por las corporaciones) y construcción colectiva del espacio social (donde pensamos desde un nosotros colectivo cuales son las mejores prácticas de interacción en el territorio).

No podemos seguir asumiendo desde el discurso de la izquierda la idea de que el capitalismo se trata de la propiedad privada y corporativa de los medios de producción, sin tener en cuenta la mecánica de Fijos y Flujos, clavada en los territorios por las corporaciones trasnacionales.

Es fundamental comenzar una dinámica de construcción colectiva del sentido común, no desde la obviedad, sino desde las reflexiones colectivas del sentido de las palabras dentro de un contexto de uso; y hay que tener cuidado con las palabras, porque de tanto usarlas se convierten en categorías por sí mismas.

La autocrítica es necesaria, y no solamente el reconocimiento del error, sino dejar bien en claro cuáles fueron los pasos que se siguieron para llegar al error, y qué mecanismos se van a generar para no reincidir en él. La sinceridad no está solo en el “no mentir”, sino en decir la verdad; lo que muchas veces no se cumple por cuestiones de juego político en donde la justificación cubre los baches, pero a la larga, como decía Gramsci, solo la verdad es revolucionaria.

Lamentablemente, ha sido habitual en muchos encuentros de sectores progresistas se desprecie el neoliberalismo, pero en las internas de cada país, sector o grupo político, se acepten prácticas que no se alejan del neoliberalismo corporativo- territorial, como las desarrolladas por la agroindustria de la soja y la forestación. Allí se ve una dinámica de integración regional: podemos estar a la entrada del proceso de fractura de los Estados- nación como estructura jurídico-orgánica, para dar lugar a una territorialidad que ya existe de facto, aunque no se explicite.

Es necesario, sobre todo en el mundo sindical, hacer replanteos sobre estos asuntos, porque no solo desde lo político- discursivo se construye el neoliberalismo, también sucede en prácticas llevadas adelante por gobiernos progresistas, y defendidas por las centrales de trabajadores.

Desde el 2003 hasta el 2013, no hubo una posición clara de las centrales sindicales respecto a si el modelo de sojización de los campos, así como el monocultivo de pino y eucaliptus destinado a la industria forestal, que, según se publicitara, traerían un provecho a la sociedad en su conjunto.

Las universidades (que en general se han pronunciado de forma contraria, o al menos planteando muchos peros), muchos intelectuales, técnicos, economistas, en distintos ámbitos han planteado el rechazo al modelo que representaba el desarrollo del subdesarrollo.

Las corporaciones, actúan de forma regionalizada, en bloque, y nosotros todavía tenemos que discutir si la soja o la megaminería traen desarrollo o lluvia de dólares. A esta altura sabemos que no traen desarrollo.

De cara al futuro de la integración regional, uno de los puntos fundamentales del trabajo, , es el planteo de crear una institución de formación de cuadros; tal vez la primera pluridiversidad de la región. Vivimos un momento histórico en donde no puede haber ambivalencias de sentidos respecto a asuntos claves.

Y si algo hay que hacer en materia económica es reflexionar desde la región; pero sin eufemismos: no podemos seguir hablando de integrarnos, si en las internas vemos como salvación las lógicas comerciales con sus respectivas modificaciones espaciales, que nos mandan desde afuera. Eso se llama dependencia.

Dentro de la integración regional que llevan adelante las corporaciones, es necesario atender y estudiar en profundidad sus sistemas de Fijos y flujos, porque dentro de ese intercambio intraespacial es que generan las dinámicas territoriales, y se pueden leer en ese mapa muchas intenciones a futuro. Hasta este momento hemos asistido con una quietud que asusta las demandas corporativas, tanto en materia legislativa, energética, de flexibilización impositiva, redes de caminos , infraestructura portuaria, entre otros etcéteras, con la excusa de que traían trabajo.

Ahora que la crisis está golpeando la puerta, es necesario el debate amplio y sincero sobre estos temas, porque de aquí en adelante, las estrategias futuras deben ser regionales, y no se puede dudar sobre estos asuntos. Debatir sin fracturar, sí; pero desde la sinceridad, a medias tintas se transforma sin remedio en entreguismo. No se puede seguir penando que algo es bueno cuando le conviene a mi sector, y malo cuando deja de convenirnos.

Es necesario ver las potencialidades del momento, ya que no solo la relación entre países centrales y periféricos está en su mayor grado de desequilibrio, sino lo está también dentro de los propios países centrales. En su interna hay cada vez mayor fractura en el tejido social, producto de una financiarización de las economías, que como planteó Lenin en “El imperialismo como fase superior del capitalismo”, terminaría el capitalismo por convertirse en el propio parásito de los territorios de donde surgió.

David Harvey lo lleva un paso más, y argumenta que el imperialismo puede ser el primer paso del capitalismo como sistema totalitario mercantil; un sistema podrido, pero muy peligroso. ¿Cómo nos integramos a esas masas excluidas dentro de los países centrales?

Las potencialidades de este momento son enormes. Creo que es la primera vez desde la aparición de los estados nacionales que tanto pueblos como corporaciones coincidimos en los mismos objetivos: la desaparición de los Estados nacionales como estructuras orgánicas territoriales.

Las personas detrás de las corporaciones necesitan desmantelar los Estados (creados por ellas); para dar paso a una nueva forma de integración totalizadora, privada y monopólica.

Los pueblos podemos vernos favorecidos por esta necesidad, si sabemos jugar el juego de la integración real. Es un juego muy peligroso, pero lo vamos a jugar aunque no nos guste. Las corporaciones ya lo están jugando; lo que nos queda por ver es desde quiénes y hacia quiénes hacemos la integración.

Para esto es necesario no solo trazar objetivos pensados desde la región, sino construir nuevos sistemas de conocimiento que nos permitan construir herramientas para alcanzar dichos objetivos. La institución de formación de cuadros es fundamental, es para antes de ayer que la necesitamos.

Respecto a los planteos de mecanismos de control y asistencia financiera, son necesarios, y creo que hay que llevarlos a un plano superior dentro de la integración en la región, que es desde la participación y apoyo a emprendimientos productivos locales, para direccionarlos dentro de los flujos de consumo regionales. Se puede generar mecanismos de intercambio comercial, desde un consumo consciente.

Por ejemplo una canasta básica de intercambio entre sectores sindicales, movimientos sociales o políticos, en donde se eliminen todos los intermediarios, y se acerque a los productores y consumidores, con el objetivo de blindar la economía doméstica, reducir el costo de la canasta básica y ponerle un freno a los fijadores de precio

Se puede apuntalar los medios de producción que nazcan socializados, fortaleciéndolos desde las prácticas de consumo conscientes. El capitalismo recae hoy más que nunca en el consumo. Y no debe pasar por alto las huelgas de fin del año pasado en Uruguay, llevadas adelante por medio de los Sindicatos de Cadenas de Supermercados.

Es algo a tener muy presente, porque parte de la integración puede venir desde el consumo, y desde el no consumo de ciertos productos, con el fin de debilitar la incidencia que tienen las corporaciones en la región.

Es necesario hacer un plan de sustitución de producción- consumo, para poder disputarles la cancha; porque ya resulta ridículo ver como en encuentros donde se plantea debatirle terreno a las corporaciones, a la hora del “café o mate” comemos galletitas de la Kraft Foods. Y aunque parezca menor, cuando consumimos un producto, no solo financiamos a la empresa que lo produce, sino que legitimamos su forma de producción

Necesitamos medios de producción que nazcan socializados, y que en su génesis lleven impresa la integración regional sana, desde los pueblos. Con lógicas estructurales claras en ese sentido, y con un sistema de comunicación capaz de darle la potencia necesaria, no solo para generar productos vistosos y consumibles, sino para que en el acto de consumo quede claro que es una oposición corporativa.

¿O qué pasaría si el discurso de los movimientos sociales y políticos progresistas se emparenta con las prácticas revolucionarias, con prácticas de consumo direccionadas hacia productos que surjan de la autogestión? Y desde allí urge la posibilidad de una central de consumidores.

Es necesario el apoyo a la industria de servicios. El turismo llevado adelante con una perspectiva regional, y con un plan integral, puede en el corto plazo sustituir el ingreso que llegaba de la agroindustria, dado que la potencia de la agroindustria radica en el “abultamiento de la caja”. Pero es un ingreso muy difícil de redistribuir, y es ínfimo si se lo compara con el pasivo en cuanto a deuda ambiental socio-ecológica.

El turismo puede jugar un papel de redistribución territorial direccionada en acción directa, aunque no altere en gran medida los macronúmeros. Puede haber una mayor redistribución y desarrollo directo sin crecer un solo punto porcentual: puede darse un gran crecimiento a la vez que una redistribución directa.

En el concierto mundial, donde las corporaciones manejan la industria alimenticia, el deterioro es cada vez mayor, y no parece pretencioso ni aventurero proponernos ocupar el nicho de alimentos de calidad, desde territorios libres de especulación corporativa, lo que va de la mano de una integración concreta. Tal vez podemos pensar en ir construyendo sistemas nacionales de áreas protegidas, pero desde el potencial económico de la idea.

 

(*) Analista político uruguayo.




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